EMPRESAS SOSTENIBLES, EMPRESAS RESISTENTES

Desde hace ya varias décadas, el concepto de “sostenibilidad” forma parte de nuestro día a día y hemos sido capaces de integrarlo en nuestra forma de vida con total normalidad hasta el punto de convertirnos en una sociedad exigente en términos responsables con todos aquellos agentes que intervienen en todos y cada uno de nuestros ámbitos.

En este contexto, las empresas, y todas sus partes interesadas, son cada vez más conscientes de estas exigencias y, por tanto, de la necesidad de llevar a cabo prácticas socialmente responsables. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), cuyo objetivo es contribuir al desarrollo sostenible, se ha convertido en toda una declaración de intenciones de las organizaciones. La RSC persigue la sostenibilidad económica, social y medioambiental tanto de la propia empresa como del entorno que la rodea dejando atrás la medición exclusivamente económica de la cuenta de resultados (visión tradicional) e incorporando al beneficio económico la calidad ambiental y la justicia social. O lo que es lo mismo: el Triple Bottom Line (Triple impacto) que busca integrar lo económico, lo ambiental y lo social en el proyecto de la organización y así llevar a cabo las distintas estrategias de sostenibilidad empresarial.

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Incorporar esta triple perspectiva en el proyecto organizativo lleva aparejado una serie de beneficios que van desde el aumento de la cuota de mercado, recursos humanos más productivos y comprometidos, etc., hasta una mejora de la imagen corporativa. Y esto resulta estratégicamente importante ya que los grandes inversores no se conforman con empresas económicamente rentables si no que buscan empresas socialmente responsables y sostenibles comprometidas con el entorno. Y es que todos los grupos de interés (skateholders), con los que las organizaciones están en constante relación de dependencia, se ven afectados por la toma de decisiones empresariales.

No es difícil dilucidar que las empresas que incorporan la sostenibilidad en sus prácticas comerciales son más resistentes a los riesgos asociados con cambios en las expectativas del consumidor y se vuelven más competitivas. Por tanto, la RSC no debe ser entendida como una carga más dentro del complejo sistema organizacional, sino más bien una oportunidad para la propia sostenibilidad de las empresas y que debe dar respuesta a los retos socioambientales a los que se enfrentan en la actualidad.

Trini R. 2024.03.07

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