EL EMPLEO DE LOS MAYORES DE 45 AÑOS: CUANDO LA EDAD ES UN ACTIVO

Madurez, habilidad para resolver conflictos, pensamiento crítico, control emocional, etc., son algunas de las características de los que pertenecemos a la llamada Generación X. Es decir, los nacidos entre 1969 y 1981 y que, por imperativo histórico, más dificultad presentan a la hora de acceder al mercado de trabajo o darle un giro a su carrera profesional.

Pero estas “soft kills”, lejos de resultar disuasorias, van a ser, sin duda, las grandes aliadas de esta generación a la hora de enfrentarse al acceso a un empleo teniendo en cuenta el importante valor añadido que proporciona al desempeño del puesto de trabajo. Y así deben valorarlo las organizaciones.

El mercado de trabajo ha sido siempre cruel con determinados colectivos y los mayores de 45 años no son la excepción. Es cierto que esta animadversión tiene un profundo calado histórico que, aunque no lo justifica, sí explica este rechazo natural a trabajadores con una determinada edad. Sobre todo en materia de productividad y adaptabilidad laboral a los nuevos métodos de trabajo. A esto hay que añadirle las cargas familiares, la inflexibilidad o la negativa a asumir riesgos junto con la creencia de que son más exigentes en términos de salario -como si el convenio estuviera de adorno…-.

Todo evoluciona y consecuencia de esa evolución y adaptación es el aumento de esperanza de vida. Nada tienen que ver los 45 años de hace 5 décadas con los de ahora y es que, actualmente, una persona de esa edad está prácticamente en la mitad de su carrera y tiene capacidades y habilidades que a más de un negacionista le sorprendería. Poseen “cualidades vitamina” como la templanza, la perspectiva, el sentido común, la capacidad de organización… que van a suponer un valor añadido para las empresas.

Pero esta dificultad para el acceso al mercado de trabajo de estas personas no solamente viene marcada por la negación de las organizaciones a contratar a este colectivo. La acción pública en este asunto resulta fundamental para lograr su inserción laboral. Los servicios públicos de empleo deben poner en marcha sus competencias como agencias de colocación y desarrollar todos los programas necesarios para facilitar su acceso al mercado de trabajo. Y todo esto acompañado de las ayudas económicas necesarias y suficientes destinadas aquellas empresas que incorporen a los trabajadores de este grupo.

Asimismo, las CCAA deben tener la libertad y los recursos suficientes para desarrollar y ejecutar políticas de empleo activas que les son propias y así lograr que este colectivo tan valioso sea justamente reconocido y valorado en el mercado laboral y se evite la pérdida de talento.

Trini R. 2024.03.07

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